LOS FUTUROS EDUCADORES EN LA FE DE CÁDIZ Y CEUTA

EMILIO LÓPEZ / DIARIO DE CÁDIZ

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  • Monseñor Rafael Zornoza preside en la Catedral sus primeras ordenaciones como obispo titular de Cádiz y Ceuta
  • El Seminario Diocesano cuenta el presente curso académico 2012-2013 con diecisiete alumnos
Foto: Diario de Cádiz

Foto: Diario de Cádiz

Monseñor Rafael Zornoza presidió el pasado 22 de septiembre en la Catedral, como paso previo a la inauguración oficial del curso académico 2012-2013 del Seminario Diocesano, sus primeras ordenaciones como obispo titular de Cádiz y Ceuta, concretamente las de dos nuevos sacerdotes, Juan José Galvín Gil y Jesús García Morales, ambos ya administradores parroquiales en Cantarranas y Medina Sidonia, respectivamente, así como la de cuatro nuevos diáconos, que cursan el último año en el Seminario San Bartolomé, del que saldrán como “educadores” en la fe, como dijo el prelado en la homilía de la apertura de curso.

Son Manuel Gómez Sánchez, de 24 años, natural de Puerto Real; Iván Llovet Romero, de 26, de Cádiz; Antonio López Garcia-Mohedano, de 23, también de la capital; y Juan Ramón Rouco Fonseret, de 24, de Ceuta.

Manuel Gómez afirma que la vocación sacerdotal la descubrió en su parroquia de San Benito y fue el entonces párroco Rafael Vez Palomino el que lo presentó en el Seminario, contando además con el apoyo de su familia y de toda la comunidad parroquial. Tras su reciente ordenación como diácono y ya consagrado, destaca que ahora sólo le queda un paso “para entregarme a Dios y a los hombres”.

Iván Llovet, que hizo la comunión y se confirmó en la parroquia de Santo Tomás, señala que fue en el hogar infantil de las Esclavas de la Inmaculada Niña, perteneciente a la parroquia de San José, viendo la labor de las religiosas, como descubrió su vocación de servir a los demás. Luego estudió en la Facultad de Trabajo Social de Jerez, lo que indica que le sirvió también para convencerse de que “para cambiar la realidad y construir un mundo más humano hay que contar con Jesucristo”.

Antonio López confiesa que fue su familia (su padre, Manuel López, es también diácono) la que le transmitió la fe y tras confirmarse empezó a vivirla de un modo más personas, colaborando con el movimiento scout católico, las parroquia de San Paulino de Barbate y la de San José de Cádiz, donde el entonces párroco, Oscar González, lo llevó al Seminario. Pendiente de convalidar los estudios como experto en Comunicación Social, asegura que “Jesucristo me sigue llamando y me siento especialmente comprometido con los pobres y con los jóvenes”.

Por su parte, Juan Ramón Rouco recuerda que siendo pequeño, durante una misa, le dijo a su madre que quería ser sacerdote, lo que ha venido manteniendo desde entonces, aunque ha tenido algunos periodos de duda. Con la ayuda de tres sacerdotes, José Bejar, Ricardo Jiménez y David Gutiérrez, llegó al Seminario, donde resalta el apoyo del rector, José Manuel Daza, y del también sacerdote Andrés Muñoz. Dice que es donde realmente ha descubierto su vocación, la llamada al sacerdocio, tras superar algunos altibajos el primer año, y está convencido de que “no existen las casualidades, sino que Dios está detrás de todo”. Apunta que ahora a lo que aspira es a ser un buen sacerdote.

Por su parte, José Manuel Daza, que afronta su octavo curso como rector del Seminario, destaca que gracias a los donativos recibidos se han podido resanar los tres patios interiores del centro, que se encontraban en mal estado por el paso del tiempo y la humedad, y que necesitaban esa actuación tras haberse impermeabilizado las azoteas. También se ha renovado la megafonía tanto en la capilla como en el salón de actos, aprovechando la de la Catedral, que se ha sustituido por otra nueva.

Daza apunta que quedan otra mejoras por realizar, entre ellas las cubiertas de la biblioteca histórica, aunque entiende que en los actuales momentos de crisis económica habrá que lograr una fórmula para financiarla, ya que no disponen de recursos propios.

Mientras los 17 seminaristas, que tienen habitaciones individuales, inician cada día con una misa en la capilla a las siete y media de la mañana, a la que sigue el desayuno y clases hasta las dos de la tarde, hora del almuerzo. La tarde la dedican al estudio hasta las ocho, cuando acuden de nuevo a la capilla, cenan a las nueve y cuarto y concluyen la jornada a las diez y media de la noche con las completas, oración previa al descanso nocturno. El fin de semana lo dedican a la pastoral en parroquias.

Foto: Diario de Cádiz

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