El Papa Francisco al inicio de su pontificado: “sólo el que sirve con amor sabe custodiar”

Antonio Montero / Vaticano
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Misa inicio pontificado Papa Francisco. Autor foto: Aurelio Báscones para obispado Cádiz y Ceuta

Misa inicio pontificado Papa Francisco. Autor foto: Aurelio Báscones para obispado Cádiz y Ceuta

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  • Pidió a los responsables políticos y económicos que sean ellos también custodios de lo creado.

San José ha sido la fecha escogida para dar comienzo al pontificado del sucesor de Pedro, Francisco. Ha sido durante esta mañana soleada, en la plaza del Vaticano, con una Eucaristía en la que han participado más de doscientos mil peregrinos y de 170 delegaciones extranjeras. 

Contraste de poderes

Roma se ha paralizado por completo. Las calles están tomadas por policías y el cielo por helicópteros, todos para “custodiar” a las más de 170 delegaciones internacionales que acuden al evento. Pero eso no es nada comparado con todos los peregrinos que han llenado la plaza y alrededores.

Las vías principales de la ciudad estaban cortadas para dejar paso al cortejo de los políticos y monarcas. Esta imagen de la calle contrastaba con lo que ocurría en el interior de la basílica vaticana: el papa Francisco, de rodillas y recogido en oración ante la tumba de San pedro, acompañado por los patriarcas orientales -entre ellos y por primera vez el Patriarca de Constantinopla- delante del “trofeum apostolorum”. En aquel lugar reposaron el palio de pastor y el anillo del pescador -de plata argentina  sobredorada- que luego le serían entregados por los cardenales Touran y Sodano, respectivamente, como signos de su pontificado.

San José, custodio de Jesús y María 

Al inicio de su homilía tuvo palabras de recuerdo para Benedicto en el día de su onomástica -porque se llama Joseph-: “es una coincidencia muy rica de significado, y es también el onomástico de mi venerado Predecesor: le estamos cercanos con la oración, llena de afecto y gratitud.

Todo el mundo estuvo atento a las primeras palabras de Francisco, que nos dan idea de cómo será su pontificado. Fueron sencillas y con numerosas referencias a San José como custodio: “Custodio ¿de quién? De María y Jesús; pero es una custodia que se alarga luego a la Iglesia, como ha señalado el beato Juan Pablo II”. Y continuó subrayando cómo ejerce José esta custodia: “con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad total, aun cuando no comprende”, “con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio”.

“El odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida”

En sus palabras recordó también que esta custodia de la creación divina le compete a todos los cristianos y, haciendo referencia a san Francisco de Asís, dijo: “es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón”.

Pidió a los responsables políticos y económicos que sean ellos también custodios de lo creado: “Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente”.

El verdadero poder de Pedro: el servicio

Su homilía duró sólo ocho minutos, tiempo suficiente para dejar claro cuál es su función como Papa y el poder que le ha sido conferido: “Ciertamente, Jesucristo ha dado un poder a Pedro, pero ¿de qué poder se trata? A las tres preguntas de Jesús a Pedro sobre el amor, sigue la triple invitación: Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas. Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,31-46). Sólo el que sirve con amor sabe custodiar”.

Al final de la Eucaristía, más breve de lo habitual en estos casos y por expreso deseo del papa Francisco, se ha dirigido al altar de la confesión -dentro de la basílica- donde ha recibido a las delegaciones extranjeras, comenzando por la presidenta de la República de Argentina: Cristina Fernández de Kirchner. Mañana miércoles recibirá en audiencia privada, en la sala clementina, a los delegados de las Iglesias cristianas.

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