Domingo de Ramos

Juan José Mateos / Gabinete Prensa-Cádiz y Ceuta

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16El domingo de Ramos nos introduce en la Semana Santa, acompañamos a Jesús en su camino de amor y de entrega hasta el final, conmemoramos la entrada de Jesús en Jerusalén. También nosotros como los discípulos decimos: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Nos disponemos a entrar en el Gran Misterio del Amor de Dios.

Leemos este día el relato de la Pasión; a través de los gestos y de las palabras de Cristo, a través de los detalles narrados, descubrimos hasta dónde llega el amor de Dios por nosotros. El dolor, el sufrimiento, la cruz, adquieren sentido cuando se aceptan y se viven por amor, cuando se vive como camino de entrega por las personas amadas: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos… a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer (Jn 15,13-15).

Jesucristo es el cordero sin defecto ni mancha, el auténtico cordero pascual, por cuya sangre derramada en la Cruz hemos sido lavados y purificados. Cristo clavado en la Cruz es el cordero sin defecto, que entrega su vida para que nosotros tengamos vida. Por eso en estos días de la Semana Santa, nuestra mirada agradecida se dirige al Crucificado.

Jesús es el Siervo sufriente, Él no ha venido a ser servido sino a servir. Su actitud más profunda es la confianza en el Padre, se abandona en sus manos, busca hacer su voluntad de Dios. Le veremos despreciado, abandonado, contado entre los criminales. Pero el Padre no lo abandonó, lo levantó de la muerte, lo vistió de gloria y lo convirtió en el Salvador del mundo; sus discípulos confesarán que Dios lo  ha constituido Señor y Mesías (Hch 2,36). Quien pone su confianza en el Señor no quedará defraudado.

En estos días santos quedémonos quietos junto a la Cruz del Señor. Contemplemos al amor que muere crucificado. No perdamos la calma, sentémonos a sus pies para mirarle y escucharle con corazón humilde y agradecido. Sintámonos queridos y amados por Dios, para Él valemos mucho, hemos sido comprados al precio de la sangre de su Hijo.

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