Al habla con el obispo de Cádiz y Ceuta

Antonio Montero / Tu Diócesis

INICIO

  • Monseñor Zornoza se apunta a los medios digitales con la apertura de una cuenta en Twitter y un blog personal

Su presencia en internet coincide con el comienzo de la visita Ad Limina que, desde el pasado 3 de marzo, los obispos españoles llevan a cabo con el papa Francisco.

Una cuenta en Twitter y un blog personal, “al habla con tu obispo”, son las dos nuevas iniciativas de Rafael Zornoza para evangelizar a través de los medios digitales. En su primera entrada del blog, y primer tweet, invita a todos los diocesanos a rezar por este encuentro con el papa Francisco. Por el momento sólo aparecen dos tres entradas y cuatro cinco twits. Esperemos algún comentario personal y alguna foto de su encuentro de mañana sábado con el Obispo de Roma.

Twitter: @ZornozaBoy

Blog: http://rafaelzornozaboy.wordpress.com

La Línea se prepara para celebrar la proclamación de la Inmaculada como Alcaldesa Perpetua

La Línea digital

INICIO

La Inmaculada Concepción, patrona de La Línea

La Inmaculada Concepción, patrona de La Línea

José Ramón Mata, presidente del Consejo Local de Hermandades y Cofradías, pronunciará el próximo sábado, día 23 de noviembre, el undécimo Pregón de Exaltación a la Inmaculada Concepción

Con la disertación dan comienzo los cultos patronales del 2013, que además presenta la novedad que, a diferencia de años precedentes, será en horario matinal. Tendrá lugar a las 13.00 horas en el Santuario de la Inmaculada Concepción. A continuación, las personas que lo deseen pueden acompañar al pregonero en la tradicional comida de confraternidad que ha sido organizada en su honor.

Los cultos se verán continuados el viernes, 29 de noviembre, con el IX pregón infantil a nuestra Patrona y, a las siete de la tarde, dará comienzo la Solemne Novena de la Inmaculada, presidida por la Parroquia del Carmen. Cada día la preside la Eucaristía una parroquia de la ciudad..

El domingo 1 de diciembre, en un Pleno Extraordinario convocado para las 17.45 en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, tendrá lugar la proclamación de la Inmaculada Concepción como Alcaldesa Perpetua de la ciudad. Luego, a las 18.30 en el Santuario, se procederá a la entrega de las insignias de Alcaldesa Perpetua a la Patrona por parte de la alcaldesa de la Ciudad.

El jueves 5 de diciembre, a las 17.00 horas, tendrá lugar la presentación nuestra Señora de los niños y niñas bautizados durante el año.

El piadoso Besamanos será durante todo el día del viernes 6 de diciembre. A las 12.00 tendrá lugar el rezo del Ángelus y la ofrenda del pueblo y las instituciones a la Patrona.

El sábado por la noche será la Vigilia Mariana ante la Patrona. Habrá saludo, felicitación y consagración de las familias linenses, que estará a cargo del matrimonio Sáncho Díaz.

Los cultos alcanzan su cenit el domingo 8 de diciembre. A las ocho de la mañana será el Rosario de la Aurora por las calles de la Parroquia. La Misa Mayor está prevista para las 11.00 horas. La solemne procesión presenta la novedad respeto a años precedentes, que será en horario de tarde, a partir de las 17.30 horas. El itinerario también se incrementa: Plaza de la Iglesia, Padre Rodríguez Cantizano, Sol, San Pablo, Jardines, Clavel y Real. A la recogida hay prevista una breve sesión de fuegos artificiales.

La Inmaculada estrena esta año un precioso canasto de alpaca plateada, con incustraciones doradas, que ha sido adquirido a la Congregación de la Divina Pastora de Málaga, al igual que los seis candelabros que lo complementan. También son estrenos del banderín del Grupo Joven, que acoge una pintura al óleo sobre lienzo, que ha sido realizada por el artista linense Antonio Mateo. Pepe Gallego también ha pintado un óleo que sustituye al de la bandera concepcionista, muy deteriorado. Asimismo, son estrenos tres dalmática que, al igual que el banderín del Grupo Jorven, han sido confeccionadas por Maruchi Cantudo, integrantes de la Junta de Gobierno.

Corona de la Inmaculada

De otra parte, la prestigiosa Pastelería Okay, bajo la dirección de su propietaria, Bely Gavira, ha elaborado en su obrador del Polígono ‘El Zabal’ un artístico dulce con el que ensalzar y prestigiar el nombramiento de la Inmaculada Concepción como Alcaldesa Perpetua de La Línea. Se trata de un sabroso roscón que ha sido nominado ‘Corona de la Inmaculada’. A buen seguro que van a ser mucho los linenses que se apresuren a adquirir el dulce para festejar el acontecimiento.

Huchas del DOMUND del Colegio “María Milagrosa”

Blog Misiones Cádiz y Ceuta

INICIO

Foto: Blog Misiones Cádiz y Ceuta

¡¡ Cara de asombro. Ojos bien abiertos y una sonrisa que llenaba nuestras caras !!

Así nos quedamos esta mañana al contemplar las huchas que algunos jóvenes del Colegio “María Milagrosa”, de las Hijas de la Caridad, en Cádiz, nos trajeron al Secretariado.

Vinieron acompañados de un profesor, Juan, y de Sor Nuche, responsable de la pastoral.

Si ya con las huchas nos habíamos quedado sin palabras, cuando nos explicaron su construcción y la justificación de cada una, nuestra admiración fue total. Qué esfuerzo y no sólo manual.

Entre otras muchas actividades de animación para la jornada misionera de DOMUND, llevan a cabo esta de las huchas. Les sirve para asimilar el lema del año, concienciarse y recaudar para las misiones.

En gratitud, les correspondimos con una cruz misionera, la oración para la INFANCIA MISIONERA 2014 y una revista Super Gesto.

Nos las dejaron en depósito y prometieron regalarnos alguna.

Muchas gracias. ¡¡ Enhorabuena y adelante !!

¿Necesitamos curas santos o ‘humanos’?

Jacobo Díaz Portillo / OPINIÓN / El Faro de Ceuta

INICIO

Señor obispo, en internet circula entre la juventud católica una especie de poema reivindicativo, que antes atribuían al beato Juan Pablo II, y ahora a nuestro papa Francisco. En realidad no es de ninguno de ambos pero su léxico y contenido les cuadra perfectamente: “Necesitamos santos sin velo, sin sotana. Necesitamos santos de jeans y zapatillas. Necesitamos santos que vayan al cine, escuchen música y paseen con sus amigos. Necesitamos santos que coloquen a Dios en primer lugar y que sobresalgan en la Universidad. Necesitamos santos que busquen tiempo para rezar cada día y que sepan enamorarse en la pureza y castidad, o que consagren su castidad.

Necesitamos santos modernos, santos del siglo XXI con una espiritualidad insertada en nuestro tiempo. Necesitamos santos comprometidos con los pobres y los necesarios cambios sociales. Necesitamos santos que vivan en el mundo, se santifiquen en el mundo y que no tengan miedo de vivir en el mundo. Necesitamos santos que tomen Coca-Cola y coman hot-dogs, que sean internautas, que escuchen iPod. Necesitamos santos que amen la Eucaristía y que no tengan vergüenza de tomar una cerveza o comer pizza el fin de semana con los amigos. Necesitamos santos a los que les guste el cine, el teatro, la música, la danza, el deporte. Necesitamos santos sociables, abiertos, normales, amigos, alegres, compañeros. Necesitamos santos que estén en el mundo y que sepan saborear las cosas puras y buenas del mundo, pero sin ser mundanos”.

Señor obispo, el pasado 28 de septiembre tuvo lugar, por usted presidida, la entrañable e inolvidable ceremonia de ordenación sacerdotal de mi amigo Juan Ramón Rouco Fonseret. Después del acto tuvimos una pequeña conversación (desde aquí percibo el escepticismo de algunos lectores) donde usted me dijo, en referencia a los nuevos presbíteros: “¡Necesitamos curas santos!”. “Me conformo con que sean humanos”, le respondí, pensando quizás en la frase del papa Francisco: “Cuando uno se cree premio Nobel de la Santidad, debe recordar sus miserias”. Señor obispo, sólo necesitamos que los nuevos presbíteros sigan el modelo de nuestro papa Francisco, así de sencillo, y al mismo tiempo, así de difícil. Esta frase es autoexplicativa, autosuficiente y autónoma, pero me va a permitir usted que sea más explícito. Necesitamos curas que fortifiquen los cimientos carcomidos por la desidia y el olvido de nuestras parroquias, que sacudan con fuerza el polvo de las alfombras de los altares, que rompan los moldes clásicos tan obsoletos como impopulares. Queremos nuevos curas que giren con fuerza el timón algo oxidado de la barca de Pedro, que enderecen el rumbo de algunas parroquias que navegan a la deriva, que se olviden de la propia fastuosidad y del glamour de las casullas doradas y se sientan más atraídos por la pobreza ajena. Necesitamos nuevos párrocos casi omnipresentes, que puedan llegar a “estar en misa y repicando”, es decir, predicando la palabra de Dios y dando al mismo tiempo el pan al necesitado.

Buscamos valientes pastores, que preocupados siempre por el rebaño, sean capaces de dejarlo todo para buscar a esa oveja perdida que necesita puntualmente su ayuda. Que sean verdaderos pastores, y no “lobos con piel de cordero” camuflados y protegidos por la inocencia del rebaño y por la ignorancia del perro pastor. Necesitamos curas misioneros que eviten la reducción del cristianismo a la abstracción de un sistema doctrinal autárquico, de carácter contemplativo, y apuesten por potenciar la vida cristiana como una forma activa, singular, genuina y profética de habitar en el mundo como auténticos testigos y mensajeros de la fe en Cristo resucitado. Queremos sacerdotes que transmitan a creyentes y no creyentes la importancia de la fe, pero no como dogma, doctrina irrefutable o decreto ley, sino como estilo, sentido y conducta de vida en el seguimiento de Cristo, basado siempre en los valores evangélicos de la caridad, la misericordia, la esperanza, la ternura y el perdón. Necesitamos nuevos presbíteros que sean facilitadores de esa fe, no controladores ni fiscalizadores de la misma. Queremos curas que dediquen todo su tiempo a los fieles, y no a la burocracia de la Iglesia entendida como institución jerárquica. Sacerdotes que mimen, cuiden y abracen a los más necesitados, con los que compartan su riqueza espiritual, que les hablen con el corazón en la mano, a la altura espacial y temporal del pueblo llano. Que bajen para siempre del púlpito de los vértigos, y dejen vacante el sillón dorado de su cátedra de inmensa sabiduría. Se necesitan curas que sepan predicar mientras hablan, y hablar mientras predican, mediante un delicado equilibrio entre la comunicación de masas y la individualizada. Queremos curas que miren siempre a la cara, a los ojos de las personas, que saluden con naturalidad, de sonrisa afable, sincera y gratuita, que llamen por teléfono a los demás mortales y no sólo a sus superiores, que conserven siempre en su agenda los nombres y apellidos de feligreses actuales y de anteriores parroquias, e incluso que tengan creado un grupo WhatsApp con ellos. Es decir, curas que manejen la tecnología con suficiencia, que sean autónomos en todos los sentidos de la palabra, que sepan hasta conducir un coche, para no abusar con reiteración y alevosía del favor continuo de la siempre dispuesta  servidumbre de turno para sus constantes desplazamientos por la ciudad en el cumplimiento de sus compromisos profesionales y personales.

Necesitamos curas que dediquen su tiempo libre a visitar a los enfermos e impedidos, a combatir la miseria humana, que sepan hasta perdonar, que con su actitud y estilo de vida, sientan y pregonen la ternura de Dios, su misericordia, su esperanza y su infinito amor. Que sepan superar las fronteras existenciales y no caigan en la fácil rutina de la vida burguesa contemplativa, del cómodo funcionariado, y del “vuelva usted mañana”. Queremos sencillos curas de pueblo, que conozcan perfectamente a todos sus feligreses, potenciando sus virtudes y comprendiendo sus defectos. Necesitamos curas que compartan con toda su comunidad parroquial sus alegrías, sus tristezas, sus miedos, sus incertidumbres, sus proyectos y esperanzas, y sobre todo sus decisiones. Buscamos curas que sepan comprender e integrar nuestras Hermandades y Cofradías como un miembro anatómico y fisiológico más del cuerpo humano de la Iglesia, que nunca sean tratadas con desprecio, menoscabo, y mucho menos como simples instrumentos inertes, fáciles de manipular y dirigir a su antojo y forma.

Nos gustan los curas que son respetuosos y comedidos al cuidar tanto las formas como el fondo de sus palabras y de sus actos. No queremos aquellos consagrados a la soberbia de su egolatría, cuya autosuficiencia aquilatada en grado sumo pueda llegar a estar, incluso, por encima del bien y del mal. No buscamos Padres de la Iglesia que quieran siempre reinar eternamente en su vasto imperio de la verdad absoluta y suprema, y basada en la ley de la última palabra en todo. No nos gustan aquellos sacerdotes que, por el hecho de formarse en un Seminario Diocesano, se crean superiores a otros religiosos cuya formación proceda de órdenes oficialmente instituidas en la Iglesia. En definitiva, queremos seres humanos que comprendan que la perfección absoluta no existe, que sólo la tiene Dios, y no dediquen toda su vida a buscarla en determinadas congregaciones elitistas, mediante cursos o seminarios que los consagran aún más en su “grandeza” egocéntrica. Decía Richardson: “La marca de un santo no es la perfección, sino la consagración. Un santo no es un hombre sin faltas, es un hombre que se ha dado sin reservas a Dios”. Necesitamos nuevos sacerdotes que consagren su vida a Dios sólo por vocación y llamada divina, y no por conveniencia propia, que nunca utilicen a la Iglesia como instrumento de magnificencia social y superación psicológica de antaños complejos de inferioridad enraizados en su infancia, y muchos menos como medio asegurado de supervivencia económica. No necesitamos curas que sepan decir la misa en latín de espaldas al pueblo, queremos sacerdotes que se preocupen de las lenguas vivas, y dejen descansar en paz a las muertas, que usen ambas “lenguas”, la anatómica y la materna, para el diálogo fraterno, bidireccional, sin condiciones y, sobre todo, sin imposiciones ni restricciones.

Necesitamos nuevos curas cuyas columnas que sostienen la fachada de su templo espiritual sean la humildad y la bondad. Pero una humildad que no se predica, ni se enseña, ni se impone, tan solo se contagia. Una bondad que no se crea ni se destruye, tan solo se transmite de una persona a otra. Porque, como decía Mark Twain, “la bondad es el idioma que el sordo oye y el ciego ve”, y añado, y “el instrumento con el que hasta el cojo anda”. Necesitamos sacerdotes con una caridad tan desbordante que empape y rebose siempre por encima de su sotana, esa caridad humana sin límite que crea un clima de serenidad, cordialidad y confianza entre sus feligreses. Queremos curas que parezcan humanos, y que puedan llegar a ser, si es necesario, indisciplinados con sus prelados, e incluso hasta ocasionalmente pecadores, porque en definitiva un santo no deja de ser un pecador que tiene el corazón quebrantado por el arrepentimiento. Pero que no tengan miedo de confesar públicamente sus errores, porque como decía el Padre Romanelli: “Los santos se han valido de sus fracasos, a veces verdaderamente estrepitosos, e incluso públicos y hasta vergonzosos, para seguir adelante”. Necesitamos Padres de la Iglesia que no tengan escrúpulos de mezclarse con la gente humilde, que bajen del recinto sacro y se mezclen con sus ovejas, que hablen con ellas y como ellas, que se interesen por sus problemas cotidianos; que abracen y se dejen abrazar por sus feligreses, que interactúen dinámicamente con todos ellos en cuerpo y alma, sin distinciones ni clasismos sociales, morales o espirituales. Curas que no inculquen a los niños el miedo al Dios del Nuevo Testamento que siempre les escucha y perdona. Necesitamos curas con alegres corazones y alma de niño que sepan atraer y mantener a la juventud en la Iglesia, que sean capaces de inyectar savia nueva en las añejas y vetustas maderas que crujen en el vacío del silencio de los bancos de las iglesias. En este contexto decía el papa Francisco “no quiero sacerdotes tristes y convertidos en una especie de coleccionistas de antigüedades o bien de novedades, que terminan por ser un intermediario o un gestor y que no se juegan la piel ni el corazón, busco pastores con olor a ovejas, pastores que estén en medio de su rebaño, y auténticos pescadores de hombres”, para añadir luego “curas que salgan a la periferia, donde hay sufrimiento, sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones”.

Necesitamos curas jóvenes que olviden a la Iglesia autoritaria del pasado y sus reminiscencias actuales, esa Iglesia anacrónica más maestra que madre, más autómata que humana, más castrense que civil, que parece reclutar a serviles e incondicionales estradiotes para mantener su monopolio de autoridad suprema, con cuotas de poder consentido e incluso repartido por el párroco, para que controlen y dominen a su antojo y forma al resto de la feligresía, siempre sumisa y obediente a esos seglares lugartenientes todopoderosos del cura de turno. Esos laicos poderes fácticos de algunas parroquias que señalan con el dedo y persiguen con saña y desprecio a los supuestos disidentes al sistema oligárquico por él establecido y consolidado.

Necesitamos un nuevo estilo canónico parroquial que conforte y consuele a todos los fieles, que nos hagan sentir como auténticas piedras vivas paulinas de nuestro templo, que nos animen a participar en la edificación continua de nuestra Iglesia, que nos hagan sentir a todos los cristianos orgullosos de serlo. No queremos esos sacerdotes jóvenes educados en los seminarios a la vieja usanza para ser curas-funcionarios de carácter conformista, al estilo antiguo, de permanentes uniformes oficiales, de perennes alzacuellos blancos y sotanas negras de carácter disuasorio o intimidatorio, sino un paterno, sincero y atractivo magisterio de la caridad y de la empatía, catedráticos de la semántica y de la retórica esencial cristiana y humana que todo el mundo percibe, entiende, comparte y aplaude.

Creo que le acabo de describir con la suficiente exactitud el perfil de sacerdote que necesitamos los actuales seguidores de Cristo resucitado. Señor obispo, la imposición de la Orden sacerdotal es su deber ante la Iglesia, pero su obligación ante Dios es su monitorización y corrección continua. Es decir, velar y hacer cumplir bajo la mirada intransigente del tiempo, todos los requisitos que este sacramento comporta y conlleva a los presbíteros bajo su temporal custodia canónica y espiritual. Porque si algunos de ellos no lo cumplen, puede que encuentren en su camino la espada de la palabra de los inconformistas, que con la afilada pluma de tinta permanente, describa con todos los detalles, el tenebroso y craso jardín oculto en el valle de sus vanidades, envidias y prepotencias, mientras que la luz de la retórica y el dardo de las metáforas seguirán siendo la antorcha de llama permanente que indique e ilumine el vasto interior del sepulcro blanqueado que oculta y atesora sus inconfesables vergüenzas.

Señor obispo, no sé si este nuevo modelo de cura que le he descrito con detalle llevará algún día a los neofitos sacerdotes a la santidad, pero le puedo asegurar, que al menos, serán más “franciscanos” y por ende, más humanos. En definitiva señor obispo, necesitamos nuevos curas, usted dice “santos”, como podrá ser algún día, con la ayuda de Dios, nuestro querido paisano Juan Ramón Rouco. Por ahora, le puedo decir que, en menos de un mes, ha sabido ganarse el cariño, la confianza, y el respeto de todos sus feligreses. Porque le recuerdo, señor obispo, que el respeto hay que ganárselo día a día, no viene como antaño, incluido con el kit sin fecha de caducidad de los atuendos litúrgicos que recibe el nuevo presbítero en su consagración sacerdotal. Ya sabe que “el hábito no hace al monje”, tan sólo lo distingue y le da personalidad, a algunos, demasiada. Nuestro nuevo ministro de la Iglesia, Juan Ramón Rouco, es por ahora, un sencillo y humilde cura de pueblo, un auténtico heraldo rural de la palabra de Dios, pero sobre todo una gran persona, con un alma terrenal que desborda humanidad por los cuatro costados. Eso es lo buscamos en los sacerdotes, que sean humanos. Para la santidad habrá que esperar un poco ¿no cree usted, señor obispo?, pues ya conoce usted la famosa frase de marketing empresarial: “Lo imposible lo hacemos de inmediato, para los milagros tardamos un poco más”. Que Dios bendiga a Juan Ramón y le ayude en su nuevo camino sacerdotal.