El equipo de Cáritas hace piña en torno al obispo Zornoza

ANTONIO M. DE LA VEGA / LA VOZ DE CÁDIZ

INICIO

  • Los voluntarios hacen un llamamiento a la opinión pública gaditana para redoblar el esfuerzo con las víctimas de la desigualdad y la injusticia social

Las aguas vuelven a su cauce en Cáritas Diocesana de Cádiz y Ceuta y tras unos días bastante convulsos, con destituciones, comunicados cruzados, posturas a favor y en contra de la gestión del Obispado en torno a la institución, el equipo humano de Cáritas está empeñado en hacer borrón y cuenta nueva.

Es complicado que las duras acusaciones acerca del intento de la cúpula diocesana de usar dinero de Cáritas para otras cuestiones de la Iglesia, vertidas por el exdirector del colectivo a través de unas cartas dirigidas a los voluntarios del mismo tras su destitución, se puedan solventar sin dejar secuelas. Pero el equipo directivo de Cáritas está por la labor y, por encima de todo, está decidido a velar por el buen nombre de la institución. Así, los miembros de dicho equipo han emitido un comunicado en el que exponen, en primer lugar, su «sincero reconocimiento» a la labor del exdirector, Juan Luis Torrejón Vargas, pero al mismo tiempo defienden la labor del que fue centro de sus feroces críticas, el obispo Rafael Zornoza Boy. En ese sentido, quieren dejar claro que «la dirección e inspiración pastoral de este servicio corresponde, en cada Diócesis, a su obispo, quien coordina, en colaboración con los miembros de Cáritas Diocesana, las líneas estratégicas de lucha contra la pobreza y la exclusión social. Somos testigos, en este sentido, del espíritu de responsabilidad, mutua confianza y fraternidad con el que el señor obispo de Cádiz y Ceuta, monseñor Rafael Zornoza Boy, lleva a cabo este acompañamiento».

Desde Cáritas se invita a cualquiera que esté interesado en conocer todos los detalles sobre el relevo en la dirección del colectivo a ponerse en contacto con la institución «para disipar cualquier duda sobre la limpia trayectoria» de la misma. No obstante, LA VOZ se ha intentado poner en contacto a este respecto con el delegado episcopal, Alfonso Gutiérrez, sin que haya sido posible (de hecho, desde el Obispado explican que no será posible hablar con él en toda la semana).

Testimonio de caridad

En cualquier caso, el equipo directivo de Cáritas Diocesana asegura que su voluntad es «seguir avanzando en el seno de Cáritas como servicio organizado de la acción sociocaritativa de la Iglesia, que se siente animada por la misión permanente e irrenunciable de dar testimonio de la caridad basada en el amor, defender la dignidad inviolable de la persona y trabajar contra todas las formas de pobreza, opresión, injusticia y desigualdad social».

Al mismo tiempo, desde el colectivo se expresa el «agradecimiento a los voluntarios y trabajadores de Cáritas, a nuestros socios y colaboradores, a la comunidad cristiana y a la sociedad gaditana y ceutí en su conjunto por la confianza y el compromiso admirables que siguen mostrando a la hora de expresar el testimonio de fraternidad con todas las personas, en especial con las más empobrecidas y excluidas, optando por una sociedad más solidaria, justa y participativa. Hacemos un llamamiento al conjunto de la opinión pública gaditana a dirigir su atención a lo que de verdad importa: la dignidad quebrantada de las personas empobrecidas; y a redoblar su compromiso y generosidad con las víctimas de la desigualdad y la injusticia social», concluyen.

Sor María Luz: «después de 500 años, los gaditanos siguen mirando por Santa María»

La Voz de Cádiz

INICIO

  • La religiosa ve más cerca el regreso al convento, gracias al apoyo ciudadano a iniciativas benéficas como la Noche Blanca
Sor María Luz Suárez. Abadesa del monasterio de la capital. Foto: La Voz de Cádiz.

Sor María Luz Suárez. Abadesa del monasterio de la capital. Foto: La Voz de Cádiz.

Son siete años de desvelos. De distintos proyectos que parecían ver la luz y finalmente se torcieron. Siete años lejos de su Monasterio de Santa María. Un tiempo que pesa a Sor María Luz Suárez, abadesa de Santa María, y a su comunidad. Sin embargo, el padecimiento ahora parece hacerse más liviano gracias a que la iniciativa ciudadana se ha sumado a la salvación del convento. La Asociación de Amigos de Santa María y el éxito de la Noche Blanca organizada por el colectivo Cádiz Ilustrada hace unos días son la muestra de ello.

-Cerca de 2.000 personas se sumaron hace unos días a la causa a favor de rehabilitar el Monasterio de Santa María, ¿cómo ha vivido esta implicación?

-Tenía mis temores ya que estamos en una situación complicada por la crisis. Pero cuando me fui enterando de las colas que había lo viví todo con emoción y agradecimiento. Se veía interés, deseo de ver y de echar el hombro. Hoy predomina eso, el agradecimiento y la satisfacción de ver que la gente es sensible a Santa María.

¿Cree que patrimonios religiosos como Santa María son suficientemente conocidos por los gaditanos?

-Creo que no lo conocen y es una pena. Es la base de una fuente de riqueza. No tenemos que esperar nada de fuera, lo tenemos aquí en la ciudad. Es cuestión de explotarlo y de saber hacerlo, que no todo el mundo sabe. En este sentido, Cádiz Ilustrada ha tenido la brillantez de saber organizarlo y ponerlo en marcha. Eso implica mucho porque según como se presente y se organice, luego se ven los frutos. Porque yo al principio, cuando conocía la idea decía: ‘Es una idea genial y preciosa, ¿pero se podrá realizar?’ Finalmente fue todo un acierto.

¿Cree que en esta sociedad tan rápida y cambiante sigue despertando interés la vida contemplativa?

-Creo que sí. Precisamente, frente a estos cambios tan rápidos, poco consistentes; la vida contemplativa está personificada en los muros de Santa María. Me hace ilusión descubrir que en los archivos hay documentos que hablan que en julio de 1513 ya había donativos al monasterio. Es muy bonito que, justo ahora, 500 años después, sigan los gaditanos mirando por Santa María y trabajando por ello. Eso por no hablar de lo que queda por descubrir. Queda mucho por saber de lo que significó Santa María para la ciudad y lo que los gaditanos hicieron por el monasterio. Fue la ciudad la que en su momento levantó Santa María y hoy los gaditanos quieren mantenerlo.

¿En qué punto se encuentra la rehabilitación del edificio?

-Va despacio. Me gustaría pedírselo a la alcaldesa. Cuando nos recibió y firmamos el convenio lo vio fácil, no puso problemas, se ilusionó. Ya está entregada toda la documentación en el Ayuntamiento para realizar la primera fase. La alcaldesa siempre nos ha recibido bien y se ha mostrado deseosa de que volvamos, pero la verdad es que necesitamos el empujoncito para comenzar la rehabilitación que nos permita volver a la zona de la casa del capellán.

Con estas iniciativas, ¿ven más cercana la vuelta?

-Qué duda cabe. A parte del tema financiero, la sensibilización del pueblo está surtiendo efecto. Un poquito más cerca estamos. Ahora depende de que el Ayuntamiento aporte el importe que se comprometió. Hay muy buena voluntad por su parte y eso es de agradecer.

¿Qué sensación le produce a usted ver el convento cada vez que lo visita?

-Cada vez que voy, e incluso sin ir, cuando veo que hay cualquier promesa que se demora, se me desgarra el corazón. Cuanto más tiempo pasa, más deteriorado está el convento y eso me produce un dolor inmenso, pero me veo impotente. Hago lo poco que puedo, pero no tenemos los medios. Lo que se ha hecho ya ha sido gracias a lo que teníamos en la comunidad y lo que ha aportado la Asociación de Amigos de Santa María.

Las piezas que se pudieron ver en la Noche Blanca son un aperitivo de ese museo que quieren crear, ¿no es así?

-Tenemos mucha ilusión en el museo. No tenemos piezas muy ricas, pero sí hablan de la historia y la cultura que van en favor del barrio y de la ciudad. Es el caso de la poetisa, la Hija del Sol (por Gertrudis de Hore). ¿Cree que no produce pena que Madrid tenga una calle en su honor y que en Cádiz apenas se la conozca? Suerte que la historiadora Federica Morand está investigando para elaborar su tesis y está descubriendo muchos datos sobre el convento. Nuestra orden es la primera que llegó a América, en 1530, y embarcaron aquí en Cádiz. Eso también es un honor para la ciudad.

Los que visitaron Santa María tuvieron oportunidad de escuchar los versos de Gertrudis de Hore, ¿han pensado alguna fórmula para dar a conocer su obra literaria?

-Morand luchó mucho por poner una placa en la iglesia o una calle con su nombre, pero como no era conocida no lo tuvieron en cuenta. Todo eso lo tenemos en cuenta y en mente para que, cuando volvamos, mover que, al menos una calle se le dedique con una placa conmemorativa. Tenemos muchas ideas, el museo será un proyecto de puertas abiertas a la ciudad, para que conozcan su propia historia.

En la rehabilitación se habla de espacios abiertos a la ciudad, ¿cómo de importante consideran esta relación? ¿Es compatible con la vida contemplativa?

-Lo que sea en beneficio del barrio y de la ciudad, dentro de nuestras posibilidades y forma de vida, se hará. La relación es muy importante. Pongo un ejemplo: hay un cantaor flamenco del barrio que oía los cantos gregorianos de las monjas y decía que eso le inspiraba para su cante. No solo la Hija del Sol, ha habido muchas ‘ilustres hijas de Cádiz’ como yo las llamo. Hay muchos monasterios que ya tienen experiencias de espacios abiertos a la ciudad y que lo atienden ellos mismos: hospedería, museo. Todo es cuestión de organizarse.

Los obispos de Cádiz y Gibraltar

Francisco G.Conde/La Voz de Cádiz

INICIO

El actual obispo de Gibraltar, Ralph Heskett, junto al arcipreste de La Línea, Juan Valenzuela. Foto: La Línea Digital.

El actual obispo de Gibraltar, Ralph Heskett, junto al arcipreste de La Línea, Juan Valenzuela. Foto: La Línea Digital.

Como es sabido el 4 de agosto de 1704, una escuadra combinada anglo-holandesa al mando de Sir George Rooke tomó la ciudad de Gibraltar, amputación territorial que España sigue sintiendo hasta nuestros días y fue recogida por el Tratado de Utrecht hace ya 300 años.

En este contexto, con un poder político hostil en este municipio que espiritualmente seguía dependiendo de la diócesis de Cádiz, los prelados gaditanos debieron de luchar por mantener su jurisdicción espiritual sobre la Roca.

Ya desde los primeros momentos, ante la pérdida de la ciudad del Peñón, sabemos que nuestro obispo Fray Alonso de Talavera (1696-1714) mandó establecer sacerdotes para una atención espiritual y material de los refugiados en San Roque y Los Barrios, municipios donde se habían refugiado los gibraltareños. La documentación que el Padre Pablo Antón Solé trabajó en el Archivo Diocesano de Cádiz constata este celo espiritual de este prelado gaditano de origen castellano-manchego.

Recordemos que aunque el Tratado de Utrecht firmado el 13 de julio de 1713 concedía a los habitantes de Gibraltar el libre ejercicio de la religión Católica, es importante señalar que si bien en un primer momento los británicos reconocieron la primacía del obispo gaditano sobre los católicos gibraltareños permitiendo incluso la entrada del obispo D. Lorenzo Armengual de la Mota (1714-1730) en abril y octubre de 1717 en el marco de su visita pastoral a su diócesis. Las impresiones del prelado tras trece años de ocupación eran bastante alarmantes.

Al igual que su predecesor Fray Tomás del Valle (1730-1776) se preocupó por sus feligreses de Gibraltar. Entre la documentación que se conserva en la Sección Gibraltar del Archivo Diocesano de Cádiz, encontramos una carta escrita por nuestro prelado al rey Felipe V en la que se quejaba por el desamparo espiritual de los católicos del Peñón, misiva en la que tras culpar de este mal estado a un religioso franciscano de 80 años, expresaba al rey la conveniencia de una visita suya personal a la plaza. La carta, aunque sin fecha, debió ser escrita en torno a 1733, ya que en enero de 1734, José Patiño escribía al nuncio comunicándole que el rey le había mandado gestionar con el ministro de Inglaterra el permiso de la visita del obispo a Gibraltar.

Las autoridades británicas no sólo no admitieron la visita de los sucesivos obispos gaditanos del XVIII, sino que tampoco admitirían a sus vicarios nombrando los gobernadores a clérigos de Mahón (Menorca), violando el Tratado de Utrecht al intentar separar a los católicos gibraltareños de su obediencia al prelado gaditano pretendiendo depender directamente de la Santa Sede.

Por documentación que se conserva en el Archivo Secreto Vaticano y en el Archivo Diocesano de Cádiz, sabemos que los gobernadores británicos comenzaron a traer sacerdotes católicos de Mahón (Menorca), recordemos que también bajo dominio inglés (hasta el tratado de Amiens en 1802), situación que advertida por el comandante general del Campo de Gibraltar D. Joaquín de Mendoza Pacheco fue transmitida a nuestro prelado dominico.

Esta situación se hizo crítica cuando en 1773 el gobernador de Gibraltar Robert Boyd dispuso que no se elegiría vicario de las iglesias del Peñón a eclesiástico que no fuera súbdito del rey de la Gran Bretaña. Esta medida limitó aún más la jurisdicción de los obispos de Cádiz sobre la ciudad del Peñón. Otro documento del Archivo Secreto Vaticano: la Visita Ad Limina Apostolorum del Obispo D. José Escalzo y Miguel (1783- 1790) memoria del estado de la diócesis gaditana al Papa Pío VI (1775-1799) constata el precario estado de la religión católica en el Peñón y la preocupación del obispo gaditano.

En los años sucesivos estas disposiciones más los prolongados periodos bélicos entre España e Inglaterra consolidaron de facto esta separación. Sin embargo, la segregación definitiva llegaría a comienzos de la centuria decimonónica, en 1806.

Al igual que sus antecesores en la mitra, Francisco Javier Utrera, obispo de Cádiz entre 1800 y 1808, intentó hacer valer sus derechos jurisdiccionales sobre los católicos gibraltareños. Con este propósito, en mayo de 1806 escribió al nuncio Monseñor D. Pedro Gravina y Napoli, Arzobispo de Nicea (hermano del famoso marino) solicitando que el nombramiento del vicario de Gibraltar no fuera en contra de su jurisdicción sobre el Peñón, garantizada por los tratados de paz.

Sin embargo, y aún a pesar de todos estos esfuerzos, Gibraltar se separará espiritualmente de la diócesis gaditana con la erección de un Vicariato Apostólico (separado de la diócesis de Cádiz) en ese año 1806. El Papa Pío VII nombraba Vicario General a R.P Isidoro Domínguez. No será hasta el año 1910 en que el Papa San Pío X nombró a Gregory Thompson, Obispo de Gibraltar. En la actualidad es Obispo de Gibraltar S.E. Ralph Heskett, que sucedió en el año 2010 al Obispo Charles Caruana.