El seminario de Cádiz celebra su día con un aumento de vocaciones

PILAR HERNÁNDEZ MATEO / DIARIO DE CÁDIZ

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Foto en Diario de Cádiz

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  • Este curso se ha producido un pequeño incremento de aspirantes a sacerdotes

El próximo 19 de marzo es el Día del Seminario, que este año se celebra con un ligero aumento de los aspirantes al sacerdocio en Cádiz. Esto es “una muy buena noticia”, según el rector del Seminario Conciliar San Bartolome de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Ricardo Jiménez Merlo.

Este sacerdote comenta que el año pasado salieron tres personas del seminario y este curso se han incorporado cuatro nuevos seminaristas, por lo que el número actual es de 14. Explica que este pequeño incremento que se ha producido en la diócesis “está en sintonía con el resto de España, donde los seminaristas han aumentado entre un dos y un tres por ciento respecto al curso anterior”.

Recuerda que hace unos años, “el tema vocacional estaba en situación de crisis, y los números descendían, pero últimamente está habiendo un repunte”. Cree que la clave está en que la Iglesia “está trabajando mucho para intentar revitalizar la fe de las comunidades parroquiales, porque la vocación nace en una persona de fe. Para que surja la vocación, es necesario un ambiente que propicie la fe”. Y ésta se vive principalmente en las familias y las parroquias.

Afirma que además de ese proceso de renovación en las parroquias, se está trabajando mucho la pastoral con los jóvenes. Y eso está dando sus frutos. Pone como ejemplo una peregrinación que hicieron con jóvenes a Santiago de Compostela el verano pasado, tras la que varios de ellos se plantearon su vocación, o las últimas Jornadas Mundiales de la Juventud, que se celebraron en Madrid, de las que surgieron cuatro vocaciones para el seminario de Cádiz. “Los actos de pastoral juvenil ayudan a los jóvenes que tienen una inquietud a lanzarse”, indica.

El Día del Seminario tiene este año el lema Señor, ¿qué mandáis hacer de mi?, una frase que hace referencia al V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús. En la diócesis de Cádiz y Ceuta, se celebra haciendo una campaña cuyo objetivo es suscitar vocaciones sacerdotales mediante la sensibilización de toda la sociedad y, en particular, de las comunidades cristianas. Consiste en que los seminaristas visitan el fin de semana previo y el posterior a la festividad de San José institutos y parroquias para hablar de su vocación a grupos de jóvenes. También asisten a las misas de esos fines de semana para dar testimonio de su experiencia y animar a los jóvenes a que se planteen qué quiere Dios de ellos, además de rezar por las vocaciones y pedir colaboración económica para el seminario, que se sustenta con la ayuda de la diócesis. Así, esos días las colectas se destinarán a ese fin. En la Bahía de Cádiz se llevará a cabo esta campaña el fin de semana que viene.

Jiménez Merlo concluye dando “gracias a Dios por estos 14 seminaristas que tenemos, que están combatiendo porque no es fácil hoy en día. Son una alegría y un don de Dios”. E invita “a que se rece mucho por el seminario, para que se sea fiel a la vocación y el Señor siga llamando”.

La ‘fábrica de sacerdotes’ de Cádiz capea la crisis vocacional

Gema López / Andalucía Información / Cádiz

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Foto: Mario Sánchez

Foto: Mario Sánchez

En estos tiempos donde la Iglesia Católica tiene varios frentes abiertos, donde en las próximas semanas se elegirá un nuevo Papa, tras la renuncia de Benedicto XVI, aquí en Cádiz, la vocación se mantiene viva y es que la creencia y la Fe nada tienen que ver con la coyuntura económica del momento.

Esta semana nos hemos acercado a uno de los seminarios más antiguos -no solamente de Andalucía sino de España- hablamos del seminario San Bartolomé, perteneciente a la Diócesis Cádiz y Ceuta, para saber de primera mano la vida de los futuros sacerdotes, y los motivos e inquietudes de seguir la ‘llamada de Dios’.

El seminario abrió sus puertas a este medio ya que “dar  a conocer al seminario siempre es positivo” señala Ricardo Jiménez, padre formador del seminario. Al contrario de lo que se puede pensar un seminario es un lugar abierto, lejos del oscurantismo con el que a veces se trata de difamar a la Iglesia Católica. El seminario de San Bartolomé lleva casi cinco siglos formando a sacerdotes de forma continua. Otro dato a destacar, es la institución docente más antigua de Cádiz entre las que siguen funcionando.

En la actualidad, hay 17 seminaristas, un número considerable, en comparación con otros seminarios no solamente de Andalucía sino de todas las Diócesis de España. En este sentido, señalar que el número de seminaristas en España ha aumentado hasta los 1.307 en el curso 2012-2013, un 2,3 por ciento más que en el curso anterior, lo que supone un crecimiento de 29 seminaristas, según las estadísticas publicadas por la Conferencia Episcopal Española. Así, la cifra sigue aumentando, al igual que lo hizo en el curso 2011-2012 cuando el número de seminaristas pasó de 1.227 a 1.278.

“Llevo nueve años de rector” señala José Manuel Daza Tello, y durante este tiempo “el número de seminaristas en los diferentes cursos varía, dependiendo de la época”. “Ha oscilado un máximo de 23 o 24 seminaristas y un mínimo 15, ahora estamos en 17…pero la media ronda los 20 seminaristas más o menos por curso en los últimos años”. “Ojalá vengan más” apuntaba Ricardo Jiménez Mateo Merlo, padre formador del seminario.

En estos momentos donde la palabra ‘crisis’ parece estar más viva que nunca, también ha afectado un poco a la vocación. “Crisis vocacional hay” afirma el rector “sobre todo la crisis está en el fondo occidental porque en otras partes del mundo, en iglesias más nuevas, no hay crisis, al revés está aumentando la vocación” por contra “en Europa, América del Norte, sí hay una crisis vocacional…será el dormecimiento de la Fe”.

La vocación

Cuando una persona se está planteando la vocación, hay varios pasos a seguir. “En un principio, hay un tiempo de discernimiento, donde se va acercando por el seminario, encuentros…tenemos aquí un preseminario para saber si el joven da ese paso. El ciclo de estudio son 6 años, durante este tiempo estudian las materias apropiadas y luego también, a través de procesos de encuentros y de entrevistas personales, van madurando  humanamente y a través de la oración, van madurando  espiritualmente, poco a poco y van teniendo ese encuentro con el señor, porque aquel que se ha encontrado con Cristo podrá llevar a Cristo a los demás” señala Ricardo Jiménez.

“Hay veces, es verdad, que en un principio sienten una llamada fuerte a la vocación del sacerdocio, y llevado un tiempo algunos van viendo que éste no es su camino, entonces se les anima a que sigan viviendo su Fe como cristiano, ya sea a través de la familia…pero la gran mayoría terminan su proceso de formación”.

En primera personaJuan Ramón Rouco lo tuvo claro desde niño. Este joven natural de Ceuta, se acercó ya hace unos años al seminario San Bartolomé para emprender el camino al sacerdocio. “Desde que hice la comunión ya quería ser sacerdote”. Juan Ramón se encuentra en la recta final hacia el sacerdocio, ya que está en el último curso (sexto), “lo tenía muy claro desde muy chico, pero cuando realmente descubrí la vocación fue cuando entré en el seminario”. “Entré aquí por un impulso, sabía que era mi camino, y sin ver más allá yo veía que era algo que me hacía feliz” aunque “es verdad, que el primer curso (introductorio) lo pasé un poco regular, pero al año de estar en el seminario, hicimos lo que se llama una semana de ejercicios espirituales, es como la pretemporada de los futbolistas, y me acuerdo perfectamente que el sacerdote que nos estaba llevando nos dijo que reflexionáramos sobre la historia de Dios en nuestra vida…y fue reflexionando  la historia de Dios en mi vida, como me di cuenta que en fondo Dios me había guiado hasta llegar aquí, y sobre todo por la felicidad que me estaba dando y me da”.

En junio hace el examen final, y si aprueba habrá terminado. Pero la preparación para un futuro sacerdote no sólo es la formación académica, ya que la formación para ser sacerdote “no es únicamente la parte intelectual, te tienen que ver preparado, que te vean que estás capacitado para ejercer como sacerdote, si el obispo [Rafael Zornoza] te ve apto pues te pone fecha de ordenación”.

“Desde una perspectiva se puede decir que he perdido la juventud, pero para mí personalmente la he ganado porque si realmente estoy lleno no necesito nada más… la alegría de descubrir que Dios me está llamando para algo, y si mi vida tiene un fin para mi es esa felicidad”. “Yo he sido plenamente feliz, y si en esta vida estamos para ser felices… teniendo eso que más quiere uno”.

Asimismo, otro joven seminarista, Juan Carlos, natural de Alcalá de los Gazules, lleva dos años (el introductorio y  primero de Filosofía) en San Bartolomé. Y también, desde pequeño sintió la llamada de Dios.

“Emprendí este camino, porque desde muy joven sentía la vocación, es verdad que al principio no sabía quien era, si era el Señor u otra cosa, pero poco a poco fui descubriendo mi vocación y cada vez que avanza un paso, me sentía más feliz, más lleno. Fue entonces cuando sentí la llamada del Señor a dar este paso  con valentía” pues “lo peor para la vocación es el miedo… yo oía las palabras del Señor que me decía ‘sé valiente’”.

Para los que no tienen tanta claridad de dar el paso “que se acerquen siempre a su párroco, que ahí es donde mejor se descubre la vocación…con los tuyos, en su entorno cercano, en su parroquia, para descubrir realmente si quiere emprender este apasionante camino” apunta este joven alcalaíno.

El Seminario de Cádiz, funcionando desde 1589 de forma ininterrumpida 

El Seminario de Cádiz, se creó el 2 de Noviembre de 1589. El  impulsor de la fundación fue Antonio Zapata y Cisneros, Obispo y más tarde Cardenal. Pero fue una empresa de toda la Diócesis: Obispado, Catedral y parroquias. Se ubicó en la calle de San Juan, frente a la Catedral actual. Es el noveno de los que se fundaron en España, y el tercero de Andalucía. Comenzó a funcionar con treinta y tres alumnos. Es la institución docente más antigua de Cádiz, entre las que siguen funcionando.

El año 1780 es una fecha clave para el Seminario de San Bartolomé. Unos años después de haber sido expulsados los jesuítas de España por el rey Carlos III, los seminaristas se trasladan al edificio del antiguo Colegio de Santiago, de los Jesuítas: el edificio de la calle Compañía. El Seminario se agrega a la Universidad de Sevilla (17 de marzo de 1785), y eleva mucho el nivel intelectual de sus alumnos. Abre sus puertas a alumnos seglares, que no pretenden ser sacerdotes, pero que vienen atraídos por el prestigio del Seminario.

José Escalzo y Miguel, Obispo de Cádiz, abrió el Seminario a la cultura de la época, y a alumnos seglares. Fue una etapa, por desgracia breve, de gran esplendor intelectual. Vicente Calvo y Valero, ilustre sevillano, primero canónigo de Cádiz y más tarde Obispo, se había dado cuenta de que los nuevos tiempos exigían sacerdotes de gran talla humana, intelectual y espiritual. Y emprendió una reforma a fondo en el Seminario.

El año 1883, siendo Obispo de Santander, concibió un proyecto grandioso: fundar un Colegio Español en Roma. Y allí envió nueve seminaristas, para que se prepararan bien y elevaran luego el nivel de los seminarios españoles. Se anticipó al Beato Manuel Domingo y Sol. El año 1885, ya Obispo de Cádiz, comienza los trabajos de restauración del Seminario: casi una edificación nueva.

El año 1890 inaugura el edificio, en la calle Compañía, y le da unos nuevos estatutos. El Seminario de Cádiz alcanza un gran nivel intelectual y espiritual.
También se convierte en casa de ejercicios espirituales para sacerdotes. Organiza tandas, que elevan la tensión de la vida de fe del cero gaditano.

Al terminar el Concilio Vaticano II, la Diócesis de Cádiz y Ceuta traslada a sus seminaristas a Salamanca, buscando una mejor preparación intelectual. La estancia en Salamanca es breve.
El 12 de octubre de 1969 se funda el Centro de Estudios Teológicos de San Telmo, en Sevilla. Lo fundan los Obispos de Andalucía Occidental y los Superiores Mayores de algunas Congregaciones religiosas. Como socio co-fundador, el Obispo de Cádiz y Ceuta traslada su Seminario a Sevilla.
En el año 1985 el Seminario reabre sus puertas, tras la última restauración, desempeñando las funciones de Casa de Espiritualidad y residencia Sacerdotal.
Desde el curso 1994/95 es sede nuevamente del Seminario, primero del curso Introductorio y a partir del curso 1996/97 de los demás cursos. También se ubica en el edificio de San Bartolomé la Escuela Diocesana de Teología.

En este viejo edificio se conserva la mayor y más antigua biblioteca de Cádiz, con fondos que abarcan desde el siglo XV hasta nuestros días. Fondos que es preciso fichar y catalogar para que puedan estar disponibles a los estudiosos e investigadores.

“La pérdida de un monasterio es una pobreza espiritual para la ciudad que lo sufre”

Jesús C. Carrillo / Blog: “El observador gaditano”

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Sor María Luz, durante la firma del convenio con el Consistorio. Ayuntamiento de Cádiz

Sor María Luz, durante la firma del convenio con el Consistorio. Ayuntamiento de Cádiz

Ya van siete años. Un reloj que pasa entre desvelos, sinsabores y flaquezas, pero ante todo de lucha, de mucha lucha. Con el agradecimiento a la comunidad del Monasterio de La Piedad (que las acoge) y con el convencimiento de que su causa llegará a buen puerto, Sor Maria Luz Suárez, abadesa de Santa María habla sobre el monasterio y su vuelta. Un camino que se antoja menos complicado gracias a la mano tendida de los laicos, la Asociación de Amigos de Santa María que en estos días cumplen un año de trabajo como entidad a favor de las concepcionistas.

-¿Cómo viven estos siete años fuera de su monasterio?

-Dentro de que somos la misma orden y que yo soy de esta comunidad del Monasterio de La Piedad, lo vivimos bien. Lo que pasa es que estamos siempre con el deseo de que aquello se recupere para volver.

-En cualquier caso estamos hablando de que no es una situación ideal

-Claro que no. Ten en cuenta que el estar esperando salir para el otro monasterio siempre te da una cierta inestabilidad, pero hay que contar con ello también. Estamos bien pero siempre programando nuestra vuelta. Eso afecta un poco a nuestra estabilidad. No es lo mismo saber que estas en tu casa a ser consciente de que vas a estar un tiempo en un sitio y luego vas a tener que dejarlo.

-A lo largo de este tiempo se han encontrado muchas trabas en el camino, ¿no es así?

-Muchas, estos siete años han sido de lucha constante: primero que salía el proyecto, luego que no; después la Junta de Andalucía, luego una empresa privada… Incluso la asociación tuvo un primer intento con un grupo de personas que se vino abajo. Son siete años en los que no hemos estado paradas, hemos estado luchando aunque no haya dado el resultado que esperábamos.

-¿Y han llegado a plantearse dejar su causa?

-Hubo un momento en el que nos lo planteamos, cuando se murió la hermana más joven, Sor Mercedes. Ella era el alma de todo. Cuando vimos que aún no habían llegado las jóvenes yo le dije al anterior obispo, Don Antonio Ceballos, que no parecía que hubiera vías para que el problema con Santa María se solucionase. Pero al poco tiempo llegaron las jóvenes y él dijo que eso era una señal de que Dios había respondido que había que seguir adelante. Desde entonces nunca más hemos decidido volver atrás, sino luchar y luchar hasta que podamos.

“Cuando llegaron las jóvenes, Don Antonio Ceballos nos dijo que era una señal de que Dios había respondido que había que seguir adelante. Desde entonces nunca más hemos decidido volver atrás”

-Esta lucha de la que habla ha llevado hasta constituir la Asociación de Amigos del Monasterio de Santa María, ¿cómo han sido los primeros pasos?

-Yo conocía a Antonio Jiménez. Él nos ayudó mucho y hacía lo que podía colaborando en el Monasterio. Fue entonces cuando pensé en que hubiera un grupito que nos ayudara y hubo un intento, sin embargo no llegó a fructificar. Fue después cuando el Padre José Luis Sibón me comentó la posibilidad de crear el grupo a partir de unas personas que él conocía y que pudieran colaborar. Así fue como surgió. De distintos puntos coincidieron todos en Santa María.

-¿Ve el regreso al Monasterio como un sueño próximo de conseguir?

-Yo pienso que sí. El regreso lo veo, ahora la proximidad dependerá de si hay dinero porque si no lo hay no se puede conseguir. En cualquier caso, tengo esperanzas porque sino no seguiría.

-Usted visita el convento cada semana, ¿cómo vive el proceso de degradación que está sufriendo?

-Me da pena verlo, la verdad. Dicen que soy muy soñadora pero yo hago la siguiente reflexión. De la ciudad se han ido muchas casas religiosas y Cádiz se ha quedado tan impávida. Eso es una pobreza espiritual, ¿usted sabe lo que es que de una ciudad se vaya una orden religiosa? Eso lo vivo muy en mi carne. Cuando veo que se cierran tantos monasterios, que de nuestra orden se están cerrando, es cuando pienso que si en vez de compadecernos cada uno pusiera lo poquito que pueda no se cerraba ningún monasterio ni se venían las ciudades abajo. Yo no pierdo ese ánimo, esa esperanza. Para todo soy muy soñadora. Igualmente creo que es muy importante que los obispos hagan lo que puedan para que no se pierda la vida contemplativa y por fomentar su amor entre el clero.

He leído lo que tradicionalmente contaban las hermanas: cuando desde los barcos, en alta mar, se veía la torre de Santa María era como sentir que Cádiz ya estaba ahí. El barrio de Santa María se llama así por el monasterio. Además, todavía está por descubrir todo lo que ha influido el convento en la ciudad.

“Creo que es muy importante que los obispos hagan lo que puedan para que no se pierda la vida contemplativa y por fomentar su amor entre el clero”

-A falta de esa investigación que comenta, si es cierto que el monasterio ha estado muy presente tanto en el barrio como en la ciudad, ¿lo siente usted así?

-Exactamente. Y las personas que lo han habitado han sido personas de mucha valía. Todos los monasterios son promotores de muchas cosas en las ciudades en las que están. Yo siempre estoy con la ilusión de que haya muchas monjas y contribuyan dentro de su vida porque pienso que es un bien para la ciudad. Aunque haya personas no creyentes, pero los conventos son fuente de cultura e historia.

-¿Teme que con los años esta presencia en el barrio de la que me habla pueda diluirse?

-Los habitantes de Santa María ya no son los de antes porque el barrio se ha rejuvenecido. En cualquier caso, muchas personas del barrio nos dicen que a ver si volvemos pronto. Otras no porque hay mucha crisis y no se plantean esa necesidad. En cualquier caso pienso que cuando esté allí la comunidad ese nexo entre el barrio y las concepcionistas volverá a resurgir con vitalidad.

-La lejanía también se experimenta con una gran devoción de Cádiz, como es el Nazareno, ¿cómo se vive esta ausencia?

-Sobre todo en Semana Santa se siente mucho. Nosotras lo sentimos y en la cofradía también ocurre porque cuando el Señor salía era las monjas las que cantaban cuando salía y las que lo recibían a la vuelta. Mucha gente nos los dice: “Desde que ustedes se fueron aquí falta algo”. Se hace sentir esa ausencia. Creo que nosotras lo padecemos y el barrio también. Falta como el alma, no se entiende al Nazareno sin las monjas. Y de hecho toda la gran devoción del Nazareno (por el milagro de la curación de la epidemia de peste) tiene su origen en Sor Isabel de Jesús que fue la que, estando en oración, la que le vio bajar de su camarín y salir a la calle.

“Mucha gente nos dice: ‘Desde que ustedes se fueron aquí falta algo’. Nosotros padecemos la ausencia y el barrio también. Falta como el alma, no se entiende al Nazareno sin las monjas”

-Durante este año, los Amigos del Monasterio de Santa María han realizado distintas actuaciones sobre el edificio, ¿cuál cree ahora que es la prioridad?

-La prioridad es ese pequeño monasterio que luego será hospedería. Eso hará posible que podamos volver. Hay que hacer algún lugar habitable para que podamos estar allí. Es una prioridad para todo que nosotras estemos allí. El hecho de estar allí evita el transtorno de estar yendo y viniendo.

-El proyecto del monasterio contempla una permeabilidad con su barrio y la propia ciudad, ¿hasta qué punto es compatible esto con una vida de clausura?

-Para nosotras la idea es que la hospedería sea monástica, algo que tiene mucha tradición en la Iglesia. Igualmente, hay muchas comunidades que tienen museo y dedicándole unas horas al día es posible. El museo lo veo especialmente importante porque implica conservar y difundir la historia de todo el monasterio, que no se pierda. Además sería fuente de cultura para el visitante. Pienso que esas cosas no solo no restarán sino que sumarán a la vida contemplativa.

Puede leer también la entrevista, así como más información en la web de la Asociación Amigos de Santa María