Más de tres mil inmigrantes asistidos en 2015 por la diócesis de Cádiz y Ceuta

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Revista Ecclesia Digital INICIO La diócesis de Cádiz y Ceuta asistió a más de 3.000 inmigrantes  durante el año 2015, gracias al Servicio Social de la Fundación “Tierra de Todos”. Además – según informa la Agencia Fides – 1.633 personas fueron ayudadas con … Sigue leyendo

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Zornoza afirma que la Iglesia debe "procurar y defender" que se "cumplan los derechos humanos" de los inmigrantes

EUROPA PRESS / CÁDIZ
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  • El obispo de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza, dice que la Iglesia debe “esperar, procurar y defender que, por lo menos, se cumplan los derechos humanos” de los inmigrantes que intentan llegar a España a través de la frontera sur de Europa.

En una entrevista concedida a Europa Press, Zornoza explica que sería suficiente “con que se cumplieran los tratados internacionales, que sí son claros en la defensa de esos derechos”, si bien considera que “en el día a día, la casuística y estas tragedias hace que sea muy difícil que todo eso esté bien organizado”. La Iglesia tiene ahí “una gran incógnita”, asevera.

Recalca que la población del término territorial abarcado por la Diócesis de Cádiz y Ceuta “es muy sensible a la inmigración”, porque es la protagonista de noticias “trágicas” con las que tienen que convivir.

El obispo resalta el trabajo de la delegación para inmigrantes de la Diócesis “lleva trabajando muchos años y es muy reconocida dentro y fuera de casa, incluso a nivel internacional, porque el Estrecho es un punto de mira de la inmigración”. Además, destaca que la labor de la Diócesis en este sentido se desarrolla “en las dos orillas”.

Recuerda que recientemente se ha desarrollado el encuentro ‘Fronteras y Migrantes’, unas jornadas en la que responsables de la pastoral de los inmigrantes en las grandes ciudades europeas “han visto sobre el terreno el origen del problema y se asoman un poco a las causas más graves, que están en los países de origen”.

Estas causas se les “escapan de las manos” a la Iglesia, “porque son temas de luchas tribales, de tiranías políticas, pobrezas, hambrunas, persecuciones religiosas, etcétera”, apunta Zornoza.

UN FENÓMENO QUE “SUPERA LAS PREVISIONES”

Apunta que “el fenómeno de las migraciones ha superado todas las previsiones de las políticas migratorias, porque es una cosa imparable, y ha hecho repensar esas políticas”. “Cuando aquí vienen esas oleadas o avalanchas de gente desesperada es muy difícil que cada uno esté en su papel”, reconoce.

Zornoza precisa que la Diócesis de Cádiz y Ceuta “no sólo trabaja con los inmigrantes que vienen por el Estrecho”, sino que también lo hace con otro tipo de inmigración.

Expone que “el secreto está en la integración” de los inmigrantes que llegan a la provincia que, “cuando se integran, remedian un poco su situación y tienen un poco más de consuelo y soporte para la vida de familia”. “Si se hacen guetos y están separados será un problema para ellos y para la sociedad”, concluye.

Zornoza afirma que la Iglesia debe “procurar y defender” que se “cumplan los derechos humanos” de los inmigrantes

EUROPA PRESS / CÁDIZ
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  • El obispo de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza, dice que la Iglesia debe “esperar, procurar y defender que, por lo menos, se cumplan los derechos humanos” de los inmigrantes que intentan llegar a España a través de la frontera sur de Europa.

En una entrevista concedida a Europa Press, Zornoza explica que sería suficiente “con que se cumplieran los tratados internacionales, que sí son claros en la defensa de esos derechos”, si bien considera que “en el día a día, la casuística y estas tragedias hace que sea muy difícil que todo eso esté bien organizado”. La Iglesia tiene ahí “una gran incógnita”, asevera.

Recalca que la población del término territorial abarcado por la Diócesis de Cádiz y Ceuta “es muy sensible a la inmigración”, porque es la protagonista de noticias “trágicas” con las que tienen que convivir.

El obispo resalta el trabajo de la delegación para inmigrantes de la Diócesis “lleva trabajando muchos años y es muy reconocida dentro y fuera de casa, incluso a nivel internacional, porque el Estrecho es un punto de mira de la inmigración”. Además, destaca que la labor de la Diócesis en este sentido se desarrolla “en las dos orillas”.

Recuerda que recientemente se ha desarrollado el encuentro ‘Fronteras y Migrantes’, unas jornadas en la que responsables de la pastoral de los inmigrantes en las grandes ciudades europeas “han visto sobre el terreno el origen del problema y se asoman un poco a las causas más graves, que están en los países de origen”.

Estas causas se les “escapan de las manos” a la Iglesia, “porque son temas de luchas tribales, de tiranías políticas, pobrezas, hambrunas, persecuciones religiosas, etcétera”, apunta Zornoza.

UN FENÓMENO QUE “SUPERA LAS PREVISIONES”

Apunta que “el fenómeno de las migraciones ha superado todas las previsiones de las políticas migratorias, porque es una cosa imparable, y ha hecho repensar esas políticas”. “Cuando aquí vienen esas oleadas o avalanchas de gente desesperada es muy difícil que cada uno esté en su papel”, reconoce.

Zornoza precisa que la Diócesis de Cádiz y Ceuta “no sólo trabaja con los inmigrantes que vienen por el Estrecho”, sino que también lo hace con otro tipo de inmigración.

Expone que “el secreto está en la integración” de los inmigrantes que llegan a la provincia que, “cuando se integran, remedian un poco su situación y tienen un poco más de consuelo y soporte para la vida de familia”. “Si se hacen guetos y están separados será un problema para ellos y para la sociedad”, concluye.

"Nos tachan de buenismos"

JOSÉ LUIS PINILLA / RELIGIÓN DIGITAL

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  • Durante el XXV Encuentro Europeo de Ciudades Migratorias celebrado en Ceuta

Recién llegado a España desde Ceuta y Tánger, un bofetón otra vez de la cruda realidad: los servicios de salvamento había rescatado el miércoles a 38 inmigrantes subsaharianos, cuatro de ellos muertos de dos pateras buscadas desde hace días después de que partieran rumbo a Canarias.

La noticia de nuevo partió mi corazón en dos. El otro lado de mi corazón – como las dos orillas del Mediterráneo – estaba en ese momento inundado de fortaleza ante el último mensaje del papa que animaba a los responsables de Migraciones reunidos en Ceuta a “valorar las localidades fronterizas como lugares de encuentro y de especial dedicación a la acogida, la fraternidad y la Misericordia de Dios”, contestando a la carta remitida desde el XXV Encuentro Europeo de Ciudades Migratorias. Y animando a los participantes a seguir trabajando en la “acogida y la fraternidad”. Los organizan delegados de ciudades europeas de migraciones. Esta vez el comité responsable y organizador (Barcelona, Milán, Viena y Cádiz) se esmeró en un Encuentro difícilmente superable en calidad y organización.

Fueron acogidos por la Diócesis de Cádiz y Ceuta con su obispo D. Rafael Zornoza, y el Director de Migraciones D. Gabriel Delgado, y su gran equipo. Gabriel una referencia eclesial y social, clara y ejemplar para todos los que trabajamos con los emigrantes. En esta diócesis de fronteras, y cabalgando entre las dos orillas Gabriel se empeña en reconstruir humanamente lo que Hercules “separó” geográficamente.

Porque de eso se trataba en la reunión. De hablar no solo de fronteras sino de puentes. Y no solo fronteras geográficas sino humanas. Las que hieren – o matan -a nuestros hermanos emigrantes. Son las fronteras geográficas con concertinas y son las otras fronteras -legales, psicológicas, familiares, etc.-, con las que los emigrantes se encuentran fuera de su país, así como los estereotipos y clichés sobre algunas culturas, o los nichos laborales que distinguen entre trabajadores extranjeros y autóctonos. Hay brotes de rechazo y racismo en distintos puntos de Europa… Hay otras fronteras en nuestras ciudades y barrios, en los grupos en que nos movemos, en la sociedad, y en la misma Iglesia.

CONTINÚA LEYENDO EL ARTÍCULO EN SU PÁGINA ORIGINAL: AQUÍ.

“Nos tachan de buenismos”

JOSÉ LUIS PINILLA / RELIGIÓN DIGITAL

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  • Durante el XXV Encuentro Europeo de Ciudades Migratorias celebrado en Ceuta

Recién llegado a España desde Ceuta y Tánger, un bofetón otra vez de la cruda realidad: los servicios de salvamento había rescatado el miércoles a 38 inmigrantes subsaharianos, cuatro de ellos muertos de dos pateras buscadas desde hace días después de que partieran rumbo a Canarias.

La noticia de nuevo partió mi corazón en dos. El otro lado de mi corazón – como las dos orillas del Mediterráneo – estaba en ese momento inundado de fortaleza ante el último mensaje del papa que animaba a los responsables de Migraciones reunidos en Ceuta a “valorar las localidades fronterizas como lugares de encuentro y de especial dedicación a la acogida, la fraternidad y la Misericordia de Dios”, contestando a la carta remitida desde el XXV Encuentro Europeo de Ciudades Migratorias. Y animando a los participantes a seguir trabajando en la “acogida y la fraternidad”. Los organizan delegados de ciudades europeas de migraciones. Esta vez el comité responsable y organizador (Barcelona, Milán, Viena y Cádiz) se esmeró en un Encuentro difícilmente superable en calidad y organización.

Fueron acogidos por la Diócesis de Cádiz y Ceuta con su obispo D. Rafael Zornoza, y el Director de Migraciones D. Gabriel Delgado, y su gran equipo. Gabriel una referencia eclesial y social, clara y ejemplar para todos los que trabajamos con los emigrantes. En esta diócesis de fronteras, y cabalgando entre las dos orillas Gabriel se empeña en reconstruir humanamente lo que Hercules “separó” geográficamente.

Porque de eso se trataba en la reunión. De hablar no solo de fronteras sino de puentes. Y no solo fronteras geográficas sino humanas. Las que hieren – o matan -a nuestros hermanos emigrantes. Son las fronteras geográficas con concertinas y son las otras fronteras -legales, psicológicas, familiares, etc.-, con las que los emigrantes se encuentran fuera de su país, así como los estereotipos y clichés sobre algunas culturas, o los nichos laborales que distinguen entre trabajadores extranjeros y autóctonos. Hay brotes de rechazo y racismo en distintos puntos de Europa… Hay otras fronteras en nuestras ciudades y barrios, en los grupos en que nos movemos, en la sociedad, y en la misma Iglesia.

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